Segundo día SEFF 2018 (II)

Ray & Liz (2018). 107 min. Reino Unido. Dirección: Richard Billingham. Fotografía: Dan Landin. Reparto: Tony Way, Ella Smith, Justin Salinger, Sam Gittins, James Eeles, Michelle Bonnard, Andrew Jefferson-Tierney, James Hinton.

Se nos antojaba una propuesta arriesgada, quizá que no fuese del todo necesaria; pero nos sorprendió, para bien, en varios aspectos.

El primero, que nos parece una buena película. A pesar de que su comienzo es flojo (los momentos de comicidad no resultan del todo fructuosos) va ganando peso a medida que transcurre la película. En un uso de la memoria audiovisual, entre cómica y nostálgica, el director británico recupera todos aquellos recuerdos que se desprendían de ya su famosa serie fotográfica de las intimidades, y vergüenzas, de la propia familia.

La segunda, y no menos importante, es como evita esa visión romántica, muy fomentada por el género cinematográfico, del universo, y época, thatcheriano. A pesar de que el contexto del periodo más duro de la Dama de hierro (años ochenta) se filtra por todos los poros de la película, no queda de manera artificial y explícita. Como buen fotógrafo, se dedica a retratar (filmar) la situación; pero no tiene la necesidad de tomar mucho partido en ella, siempre hablando de su contexto político. Las imágenes (excelente fotografía) y los sonidos (no desmerece su banda sonora) son los encargados de componer la intrahistoria, o intrahistorias, que subyace en el film.

Y esto nos lleva al tercer elemento, la excelente decisión de fotografía de rodar en 4:3, es decir, en el formato típico de la fotografía de los años ochenta, y también de la televisión. Hoy denostada por los grandes formatos panorámicos. Este 4:3 nos transmite de manera inconfundible esa nostalgia por el pasado, capaz de revivirlo desde sus propias formas.

A pesar de todas sus bondades le vemos un pequeño defecto, al retratarse a él mismo y su contexto más inmediato, con lo peligrosa y falsaria que puede ser la propia memoria, nos resulta un ejercicio de auto reivindicación peligroso. Retratarse a uno mismo, tratar de buscar la fase germinal de tu propia figura y el entorno que lo propicia, mostrando las vicisitudes de la vida que te han llevado hacia el estatus de artista, peligrosamente se puede transformar en un ejercicio de mayor banalidad que de sinceridad. Aquí, le salva que es una buena película.

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