Renta Basica: ¿Placebo o la última oportunidad para salvar un modelo social europeo en fase terminal?

-Enfermera: ” ¡Doctor! Este paciente está muy mal . ¿Hay algo todavía que podamos hacer para salvarlo?

-Doctor: “Bueno, vamos a echarle un vistazo”.

Síntomas y efectos secundarios de un tratamiento incorrecto

La democracia en la Unión Europea está seriamente amenazada por el virus simbionte político-empresarial.  Siguiendo el diagnostico de la troika, los Estados europeos se han empobrecido a sí mismos para mantener la banca a flote. Como consecuencia, ahora no disponen de las herramientas  para atacar a las causas reales de la crisis. La desconfianza hacia las instituciones publicas es cada vez mayor, mientras que el sector privado esta acechando para hacerse cargo de tareas publicas y tener aún más control sobre la sociedad Europea.

La inyección desesperada e imprudente de dinero en los bancos de Europa no ha logrado los resultados esperados. La inversión no se está traduciendo en un crecimiento real. El mal estado del modelo socio-económico actual de la UE ha revelado nuevas formas de pobreza: Pobreza energética, falta de vivienda, exclusión financiera o incremento de la deuda de las familias. Mientras tanto, los bancos siguen inflándose sus cuentas de beneficios como ganglios infectados, sin dejar pasar nada beneficio alguno para la sociedad.

Hablando de empleo, lo mejor se podría decir es que los ciudadanos de la UE están bastante  preocupados por el riesgo de gangrena de los estados periféricos de la Unión. Riesgo causado por el incremento de la precariedad, la reducción de derechos laborales y el nulo efecto de las reformas laborales en cuanto a la creación de empleo.

Diagnóstico

El tratamiento nefasto y desastroso de la crisis económica por parte de los gobiernos y la troika, está siendo caldo de cultivo perfecto para las divergencias sociales entre ciudadanos y naciones de la UE. Según los últimos resultados sobre el papel, el paciente debería estar mejorando, pero en realidad parece que el paciente podría colapsarse en cualquier momento. Establecer un salario mínimo Europeo o una Unión Fiscal y de transferencias son todavía un remedio de ciencia ficción. Aún así, algunos creemos que todavía hay alternativas. En algunos círculos especializados, están intentando recuperar un tratamiento que el EESC planteo hace 22 años: la Directiva marco de la UE sobre protección de los ingresos mínimos .

Remedio

El prospecto oficial establece que el Ingreso Mínimo Garantizado debe ser un apoyo a la renta no  vinculado al pago de las contribuciones que proporcione una red de seguridad para aquellos que no pueden acogerse a las prestaciones de seguridad social. Una última defensa contra la pobreza, que está indisolublemente vinculado al derecho a una vida digna para las personas que no tienen otros ingresos.

La Directiva propuesta establecería indicadores comunes para proporcionar métodos de análisis más ajustados a la realidad. En cuanto a la lucha activa contra la enfermedad, la directiva permitiría un  promover política participativas en colaboración con los interlocutores sociales, los beneficiarios y demás grupos de interés para establecer o revisar los programas nacionales de ingresos mínimos. Desde la prevención, una recolección de datos sólida y eficaz impediría a los matasanos emprender políticas perniciosas que solo empeorarían la salud del paciente.

Aun sin ser la panacea por si solo, el uso de este remedio podría tanto mitigar el impacto social de la crisis como ayudar a contrarrestar el proceso cíclico económico al proporcionar más recursos a los hogares, e impulsar la demanda en el mercado interno. Hay evidencias solidas que demuestran que ayudaría a mejorar la cohesión económica y social dentro de la Unión Europea. Además, también ayudaría a proteger los derechos fundamentales de los Europeos, y ayudaría a tener un reparto de la riqueza más justo. También sería fundamental para garantizar que los objetivos europeos 2020 sobre empleo, pobreza y  exclusión social se lograran de una forma sostenible. Reforzar la solidaridad dentro y entre los miembros de la Unión Europea se antoja un requisito previo fundamental, para enviar un mensaje claro a los ciudadanos y ciudadanas de la UE de que el proyecto social de la UE no está muerto, de que la Unión Europea en su conjuntos mira por ellos, que no solo nosotros tenemos que arrimar el hombro.

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