Primer día SEFF 2018 (II)

El Rey (2018). Duración: 84 min. España. Dirección: Alberto San Juan, Valentín Álvarez. Fotografía: Valentín Álvarez. Reparto: Luis Bermejo, Alberto San Juan, Guillermo Toledo. Comedia, Parodia.

Segunda película que cubrimos en el festival de cine europeo, y esta sí de dentro de las fronteras de nuestro Reino. No es baladí nuestro subrayado chovinista, porque no podemos imaginar una película, este año, que hable en mayor profundidad de los últimos designios de nuestra conformación como una, grande y…democrática nación.

Alberto San Juan, en codirección, lleva su obra de teatro a lo cinematográfico. Sin dejar de usar elementos propios del teatro: foros, forillos, focos, escenarios,…reconfigura su narrativa al son del dispositivo que hoy nos ocupa.
Seguimos siendo su mismo espectador; pero ahora nos vemos físicamente (u ocularmente) más inmersos en el relato. En un juego de planos, encuadres y enfoques, San Juan y Valentín Álvarez, intentan exprimir el lenguaje para impactar, si no lo había hecho ya con su obra de teatro, al espectador. Además, planos sonoros y música over, tan recursivos en el cine, también son usados y amplificados aquí.

También, merece la pena mencionar el final de El Rey. Los dos directores quieren dejar claro que tanto historia, como personajes, son de ficción y que cualquier parecido de estos con la realidad…pero aún así todo parecido es muy razonable. Y ahí es donde puede estar su mayor problema, en la condescendencia, o autocondescendencia, de él mismo, de ellos mismos y del público afín en general. Es una película con un prisma, por llamarlo de alguna manera, ideológico tan marcado, sin entrar en razones, que es la clase de película que para el espectador cercano políticamente podría llevar a desactivar rápido su sentido crítico y sumirse en el regocijo de lo que espera y desea oír. Y esta película te lo da, sin cortapisas.

Aún siendo una película de ficción “muy a la realista”, en su defecto también podríamos hablar (¿por qué no?) de su virtud. Sobrepasando todas aquellas trabas de la posverdad y las conspiranoias que parecen inundar la película, también, habría que ser muy memo para no saber los “relatos oficiales” son, al igual, otro relato. Una construcción, como la de San Juan. Este relato, del dramaturgo ahora reconvertido en director, propone innumerables herramientas que nos ayuden a evocar nuestros propios relatos. De disputar, de alguna manera, el relato oficial del que hemos sido casi siempre meros espectadores, atados, y bien atados, a la butaca.

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