Lo más interesante del Festival de Cine de Sevilla, SEFF 2016. Por Yuri Morillo Castaño

En un momento en que no se sabe muy bien qué pasará con Europa, si acabará aplastada o ninguneada bajo la ominosa presión de EEUU y Rusia, si perderá su papel de figura proactiva en el mundo ante el alzamiento de las potencias emergentes, o si por el contrario será el germen de un nuevo mal enmarcado en el despegue de la nueva derecha nacionalista y filofascista, es interesante aproximarse a su realidad mediante la cultura actual. Y ahí juegan un papel clave los creadores contemporáneos, entre ellos, con un papel todavía preeminente, los cineastas.

Dentro del saco de ‘cine europeo’ caben, evidentemente, muchas clases de películas y, por tanto, muchas maneras de realizarlas. Dentro de la programación del Festival de Cine Europeo de Sevilla podemos ver cada año muchos ejemplos de todo tipo; consiguiendo, si logramos una cierta inmersión y ver un buen puñado de filmes, aprehender las principales corrientes y tendencias, pero también algunos casos únicos y carreras totalmente ajenas a las modas, por las que se mueve la cinematog
rafía del viejo continente.

Cuatro películas y dos cortos fue el escaso cómputo final de mi SEFF ’16. Dos filmes franceses, dos españoles, que podrían diferenciarse por nacionalidad, pero también por temáticas, medios e intenciones, en dos grupos; ofreciendo siquiera dos breves vistazos a parte de lo que se cuece en la temporada europea.

 

CINE FRANCÉS: DE LO CLÁSICO Y LO SEGURO

“Vooriginalir du Pays” (Delphine & Muriel Coulin)  y “Ma Loute” (Bruno Dumont) ofrecen, a pesar de sus evidentes distancias estilísticas, dos buenos ejemplos del cine francés actual contemporáneo de cuerpo clásico. La primera, enmarcada dentro del ciclo ‘Las Nuevas Olas’, propone un interesa
nte acercamiento a la guerra de Afganistán: en la voz y mente de mujeres soldado cuando la batalla ya ha tenido lugar. La pareja de hermanas directoras comienza reflexionando, desde un idílico hotel en Chipre a donde son enviados los soldados tras una traumática experiencia, sobre el papel de Europa en la resolución de conflictos armados más allá de sus fronteras para, poco a poco, ir colando la problemática machista dentro del mundo militar. Dos temas de pura actualidad que se presentan de manera inteligente al sortearse el terreno del drama bélico más convencional añadiendo elementos de suspense y thriller.

Por otro lado, “Ma Loute”, Giraldillo de Oro de esta edición que coronó la Gala de Clausura, es un buen ejemplo de comedia grotesca con cierta componente surrealista, en directa continuación con la anterior obra de Dumont, la celebrada miniserie “El pequeño Quinquin”. Si bien su humor de trazo grueso y excéntrico puede llegar a cansar por acumulación, la constante lluvia de situaciones estrambóticas consigue mantener el interés con su sabor a los mejores Monty Python o Laurel y Hardy. Mención especial a Raph, inquietante en su androginia y auténtico centro neurálgico de una cinta que, sin darnos cuenta, se convierte también en un canto a la libertad de género.

 

CINE ESPAÑOL: FRANCOTIRADORES

“Análisis de Sangre Azul” y “El misterio de Aaron”, por su parte, suponen dos claros ejemplos de cine de guerrilla español, enmarcados adecuadamente en la sección “Resistencias”. Haciendo de la carencia de medios una virtud, Gabriel Velázquez y Blanca Torres consiguen crear un elemento bastante inédito: una mezcla de falso documental y película médica de principios del siglo XX. El espectador tendrá claro que las andanzas del amnésico protagonista (actor totalmente amateur, por otro lado) son ficción, pero no estará tan seguro con respecto a los métodos médicos y los casos de endogamia y degeneración que asolaron los valles pirenaicos durante siglos entre los que se desenvuelve la trama. Lo acompañaba en su proyección el corto “Nuestra amiga la Luna” de Velasco Broca, inefable cinta en torno a un pobre indio contrahecho que pretende ser surrealista pero que más bien se acerca a la broma.

Menos suerte corre “El misterio de Aaron”, fallido documental de Carlos Rivero que pierde la oportunidad de hacer un seguimiento sociológico y cultural a la eterna pregunta: ‘el cofrade, ¿se nace o se hace?’. En lugar de ampliar el espectro con investigaciones del entorno y entrevistas, la cámara se centra en primeros y primerísimos primeros planos del pequeño Aaron en su día a día como joven capillita: tocando el tambor, jugando con su paso de cartón y repartiendo caramelos. Pura y dura contemplación que, lejos de lírica, se convierte en su escasa hora de duración en algo plomiza. Mejor resulta ser “240.000 euros” de Alonso Valbuena, corto que combina las grabaciones caseras familiares con una suerte de ficción en torno al valor de los recuerdos.

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