Igualdad entre hombres y mujeres: ¿sigue siendo una prioridad para la Unión Europea?

descarga

La igualdad entre hombres y mujeres ha formado parte de los valores fundamentales de la Unión Europea desde los inicios del proyecto europeo, cuando el artículo 119 de los Tratados de Roma (1957) introdujo el principio de igualdad salarial entre hombres y mujeres. Hoy en día, sigue formando parte de los Tratados: los artículos 2 y 3 del TEU (Tratado de la Unión Europea) mencionan de forma explícita el compromiso de la Unión Europea con la «igualdad entre mujeres y hombres», mientras que los artículos 8 y 10 del TFUE (Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea) ponen de manifiesto que la UE aspira a eliminar la discriminación y las desigualdades «por razón de sexo, raza u origen étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual».

La igualdad entre hombres y mujeres también forma parte de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Además, entre 1975 y 2010 se han adoptado 15 directivas que tienen como objetivo asegurar un trato igualitario entre hombres y mujeres en el trabajo, prohibir la discriminación en los sistemas de seguridad social, establecer unos requisitos mínimos en los permisos parentales, proporcionar protección a las trabajadoras embarazadas o que hayan sido madres recientemente y establecer normas de acceso al empleo, condiciones de trabajo, remuneración y derechos legales para el trabajador por cuenta propia.

De acuerdo con este marco jurídico, podríamos asumir que la UE sigue jugando un papel muy importante en la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, y que se están tomando pasos progresivos para conseguirla. Sin embargo, algunos expertos en el área hablan de una transición «desde la emergencia al desmantelamiento», refiriéndose al hecho de que las políticas igualitarias entre hombres y mujeres no parecen ser ya una prioridad para la Unión Europea.

Lo cierto es que existen diferentes elementos que sostienen dicha afirmación, y este artículo se centra en tres de ellos para ilustrar esta transición. El primero es que, mientras que gran parte de los objetivos actuales están relacionados con el ámbito del mercado laboral, como reducir la brecha salarial por razones de sexo, conseguir mejores condiciones para un equilibrio entre la vida privada y la laboral o destacar el papel de la mujer en la toma de decisiones económicas; el departamento de Igualdad entre hombres y mujeres de la Comisión ha sido trasladado progresivamente desde Empleo, Asuntos Sociales e Igualdad de Oportunidades (donde pertenecía hasta 2009) hasta su actual lugar en Justicia, Consumidores e Igualdad entre hombres y mujeres. En la práctica, este desplazamiento desde la Dirección General de Empleo a la Dirección General de Justicia ha tenido un impacto en el tipo de medidas y políticas iniciadas por la Comisión, que tiene menos poder para influir en las políticas laborales de los Estados Miembros y se centra en medidas más suaves.

Un segundo ejemplo del descenso de importancia de este tema en la agenda de la Unión Europea es la falta de colaboración entre instituciones, un hecho que algunos critican a la Comisión. La estrategia actual para el periodo 2016-2019, el Compromiso estratégico para la igualdad entre mujeres y hombres, es tan sólo un documento de trabajo de la Comisión y no una estrategia de la EU, a pesar de las presiones ejercidas por el Parlamento europeo que piden un documento inter-institucional real, con un acercamiento más comprensivo. El Consejo de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores también han acentuado la misma demanda. En el documento final de una reunión que se produjo en diciembre de 2015, se dice que un «alto número de estados miembros declaró la necesidad de una estrategia formal por parte de la Comisión y expresó su decepción por haber recibido, en cambio, un documento de trabajo informal».

Al final, la reticencia de los Estados miembros hacia medidas vinculantes con las empresas tampoco está siendo de ayuda. La propuesta de la Comisión de 2012 para una directiva que establece un objetivo de un 40% de mujeres en los consejos de dirección, aprobada por el Parlamento Europeo, no ha conseguido el consenso en el Consejo, a pesar de que la institución reconozca que «motivar la participación de las mujeres en la toma de decisiones económicas es esencial para promover la igualdad entre hombres y mujeres en nuestras sociedades y beneficiaría a nuestras economías». En general, los Estados miembros se muestran reticentes a adoptar medidas que provengan de la Unión Europea que afecten a sus políticas de mercado laboral, o que puedan afectar a empresas en sus países.

¿Por qué ha dejado de ser una prioridad la igualdad entre hombres y mujeres? Nos gustaría pensar que se debe a que ya no hacen falta este tipo de políticas en este ámbito. Desafortunadamente, no es el caso, y el último informe de la Comisión sobre este tema muestra que las mujeres siguen rezagadas en muchos aspectos. La tasa de empleo de las mujeres es sistemáticamente más baja que la de los hombres (con una diferencia de 11 puntos), y siguen cobrando un 16% más barata la hora de trabajo, mientras que su pensión es un 40% más alta que la media de los hombres. Además, las mujeres siguen llevando a cabo la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado, así como la mayoría de las tareas de cuidado infantil. Los mercados de trabajo están segregados por el siguiente motivo: las mujeres suelen trabajar a media jornada y en trabajos de menor calidad. Esto también supone un fuerte impacto en la toma de decisiones económicas: aunque los números estén mejorando, solo un 4,3% de los directores ejecutivos de las grandes compañías en Europa son mujeres, y esta cifra sólo asciende a un 22,7% en miembros de consejos ejecutivos.

Las medidas estratégicas pueden y deben tomarse para conseguir una igualdad entre mujeres y hombres real, conforme a los valores y tratados europeos. Sin embargo, esto no es posible si la conciencia sobre este ámbito no crece, para que las empresas entiendan los beneficios de reforzar la igualdad en sus organizaciones. También hace falta cooperación institucional: la Comisión debería trabajar en una Estrategia Europea real que el Consejo y el Parlamento puedan adoptar; y los Estados Miembros deberían trabajar más para que la igualdad sea posible en sus mercados laborales. Sólo bajo estas condiciones la Igualdad entre hombres y mujeres pasará de ser desmantelada a ser, de nuevo, una prioridad.

Por Arianne Aumaitre

Puedes leer el artículo original aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *